Decoración, muebles, vintage, proyectos de interiorismo, arte del siglo XX y XXI, restauración de muebles, objetos decorativos

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El blanco en la decoración actual

 

 

El color negro es, estrictamente hablando, la ausencia de luz, de los tres colores primarios. Al contrario, la luz blanca, como se puede comprobar con un prisma o cuando ésta atraviesa una gota de lluvia, puede descomponerse en muchos colores (todos los del arco iris). No cabe duda de que el color blanco admite la superposición y combinación con cualquier otro color, en tonalidades e intensidades tan variadas como podamos imaginar. El color blanco ha sido, desde tiempos inmemoriales, el telón de fondo de las construcciones (sobre todo en las zonas mediterráneas, como el Imperio romano, Grecia, etc.) y de grandes obras de arte.

Hoy en día, más que nunca, el color blanco se impone en la moda y en la decoración. Sin tener en cuenta orígenes más antiguos, los grandes defensores del blanco en la decoración en los últimos años han sido los países nórdicos, los cuales, impulsados tal vez por la luminosidad de este color han querido incluir en sus vidas el vigor y la luz que éste puede aportar incluso en los días más fríos y cortos. En moda, de igual forma, el blanco se proclama vencedor y superviviente, junto al negro, de cualquier moda efímera y pasajera, sobreponiéndose en diferentes formatos y cortes y proclamándose atemporal, elegante y favorecedor a partes iguales.

En numerosos blogs y revistas de decoración encontramos a diario ejemplos de casas íntegramente decoradas en blanco, con una decoración monocromática. Paredes impecablemente blancas, suelo blanco y luminoso y la integración de muebles y tejidos en una infinita gama de este mismo color, que en ocasiones se atreve a acercarse al gris o al tostado.

Tengo que decir que en K&P somos grandes apasionados del color blanco, en paredes, tejidos, muebles, etc. Sin embargo, también somos grandes amantes de una infinidad más de colores. Y es que, acostumbrados a una riqueza cromática tan amplia en nuestro entorno (el Mar Mediterráneo, las Fallas, los bosques y puestas de sol, los vestidos de gitana, el tono dorado de la arena cálida de nuestras playas...) somos incapaces de desprendernos de este legado y avocarnos a una decoración basada únicamente en el color blanco.

 No nos equivoquemos, nos encantan esas casas decoradas en un pulcro y exquisito blanco riquísimo en matices y tonalidades. Pero, cuando de crear a nuestro antojo el diseño y reforma de un interior se trata no podemos olvidar y desprendernos de toda esta alegría y pasión que nos infunden el resto de colores. Así, sazonaremos el interiorismo de una estancia, el cual normalmente fundamentaremos en el color blanco, ese color que combina y nos deja mezclar a nuestro antojo, con destellos del rojo más apasionado, toques del negro más elegante, pinceladas del ocre más luminoso, matices del oro y la plata mas glamorosa, y así en un largo etcétera.