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El color negro es, estrictamente hablando, la ausencia de
luz, de los tres colores primarios. Al contrario, la luz
blanca, como se puede comprobar con un prisma o cuando ésta
atraviesa una gota de lluvia, puede descomponerse en muchos
colores (todos los del arco iris). No cabe duda de que el
color blanco admite la superposición y combinación con
cualquier otro color, en tonalidades e intensidades tan
variadas como podamos imaginar. El color blanco ha sido,
desde tiempos inmemoriales, el telón de fondo de las
construcciones (sobre todo en las zonas mediterráneas, como
el Imperio romano, Grecia, etc.) y de grandes obras de arte.
Hoy en día, más que nunca, el color blanco se impone en
la moda y en la decoración. Sin tener en cuenta orígenes más
antiguos, los grandes defensores del blanco en la decoración
en los últimos años han sido los países nórdicos, los
cuales, impulsados tal vez por la luminosidad de este color
han querido incluir en sus vidas el vigor y la luz que éste
puede aportar incluso en los días más fríos y cortos. En
moda, de igual forma, el blanco se proclama vencedor y
superviviente, junto al negro, de cualquier moda efímera y
pasajera, sobreponiéndose en diferentes formatos y cortes y
proclamándose atemporal, elegante y favorecedor a partes
iguales.
En numerosos blogs y revistas de decoración encontramos a
diario ejemplos de casas íntegramente decoradas en blanco,
con una decoración monocromática. Paredes impecablemente
blancas, suelo blanco y luminoso y la integración de muebles
y tejidos en una infinita gama de este mismo color, que en
ocasiones se atreve a acercarse al gris o al tostado.
Tengo que decir que en K&P somos grandes apasionados del
color blanco, en paredes, tejidos, muebles, etc. Sin
embargo, también somos grandes amantes de una infinidad más
de colores. Y es que, acostumbrados a una riqueza cromática
tan amplia en nuestro entorno (el Mar Mediterráneo, las
Fallas, los bosques y puestas de sol, los vestidos de
gitana, el tono dorado de la arena cálida de nuestras
playas...) somos incapaces de desprendernos de este legado y
avocarnos a una decoración basada únicamente en el color
blanco.
No nos equivoquemos, nos encantan esas casas
decoradas en un pulcro y exquisito blanco riquísimo en
matices y tonalidades. Pero, cuando de crear a nuestro
antojo el diseño y reforma de un interior se trata no
podemos olvidar y desprendernos de toda esta alegría y
pasión que nos infunden el resto de colores. Así,
sazonaremos el interiorismo de una estancia, el cual
normalmente fundamentaremos en el color blanco, ese color
que combina y nos deja mezclar a nuestro antojo, con
destellos del rojo más apasionado, toques del negro más
elegante, pinceladas del ocre más luminoso, matices del oro
y la plata mas glamorosa, y así en un largo etcétera. |